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Yopes, la civilización prehispánica más peligrosa para los aztecas

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No existe demasiada información acerca de los yopes, apenas unas cuantas referencias escritas y algunas ilustraciones, lo que dificulta datar con certeza su origen. A pesar de ello se identifica su fecha de existencia en torno a 1.600 a. C., formando así parte del grupo de culturas mesoamericanas de la época precolombina.

Geográficamente estuvieron asentados en la zona de Guerrero, al sur de México. Por ubicación tuvieron constantes enfrentamientos con los aztecas, sin embargo, nunca llegaron a ser sometidos por éstos. Los yopes eran expertos guerreros con el arco y las flechas, lo que en un terreno montañoso como el que se encontraban los convertía en rivales difíciles de vencer estratégicamente. Para los aztecas fue el pueblo más peligroso en los enfrentamientos que libraron hasta la llegada de los coloniadores españoles.

En cuanto a sus creencias, se celebraban rituales a los cerros, siendo el Templo La Incinera el más conocido de todos. Tanto los cerros como el agua eran los elementos considerados más sagrados por esta civilización prehispánica, sin embargo la arquitectura de algunos templos deja en evidencia un profundo culto al Sol.

Los tributos se hacían a través del juego de la pelota. Esta disputa representaba el constante enfrentamiento entre la luz y la oscuridad o, de forma más terrenal, entre el fuego y el agua. Una especie de representación del bien y el mal tanto como rivales como también complementarios, de la misma forma que a miles de kilómetros de distancia se formulaba una creencia similar entre el Yin y el Yang.

La rivalidad con los aztecas no impedía que en épocas de paz tuvieran satisfactorias relaciones diplomáticas y comerciales entre ellos. Incluso algunos elementos rituales se transferían de una cultura a otra. Xipe Tótec era, por ejemplo, la deidad de los yopes. Más tarde sería también adoptada por los aztecas. Era conocido como Tezcatlipoca Rojo y se consideraba que todos los pueblos ubicados a orillas del mar debían adorarle, una creencia que se extendió por las costas del Pacífico, de Jalisco y Oaxaca. Este proceso favoreció que los yopes compartieran esta deidad con otras culturas como los mixtecos, los nahuas del sur y los zapotecos.