El arte olmeca y sus cabezas colosales

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La civilización olmeca habitó el centro-sur de México, entre los años 1.200 y 400 a.C. en lo que se considera el periodo preclásico medio mesoamericano. Situada aproximadamente en los actuales estados de Veracruz y Tabasco en el istmo de Tehuantepec, los estudiosos la consideran la madre de las culturas mesoamericanas.

Los olmecas fueron precursores en política, economía y religión. También se considera que fue la primera civilización occidental en desarrollar un sistema de escritura. A los olmecas se les atribuye también la invención del juego de pelota mesoamericano (un juego de pelota ancestral de intención religiosa).

El legado artístico más importante de esta civilización son las denominadas cabezas colosales, gigantescas cabezas humanas talladas en piedra basáltica que los olmecas trajeron de lejanos lugares, y que esculpieron cubiertas con algo parecido a cascos. Ninguna otra civilización mesoamericana alcanza este nivel de perfección escultórica.

A lo largo de la historia no ha existido un consenso en torno a lo que representan estas majestuosas figuras: antiguamente se consideró que rendían homenaje a los viejos participantes del juego ritual de pelota.  Sin embargo, hoy en día se cree que son retratos de guerreros, jefes o gobernantes olmecas. Parece ser que a la muerte del guerrero o gobernante, su escultura era enterrada para que ejerciera su protección desde el inframundo.

Se han desenterrado hasta el día de hoy 17 ejemplares, que actualmente pueden encontrarse en su mayoría en el Museo de Antropología de Xalapa y el Museo de La Venta.

Son muchos los enigmas en torno a estas moles escultóricas. Uno de ellos tiene relación con los rasgos faciales negroides de las figuras, de narices anchas y labios gruesos, más propios de tipologías africanas. Esto ha provocado numerosas especulaciones, ya que está globalmente aceptado que la raza negra no llegó al continente americano hasta muchos siglos después.

También hay interpretaciones en el sentido de que estas cabezas colosales no serían retratos de gobernantes, sino de individuos probablemente aquejados de malformaciones congénitas como el Síndrome de Down, y que según esta teoría serían considerados sagrados por los olmecas.

Estas monumentales cabezas de piedra, todas con rostros diferentes, pesan entre 6 y 40 toneladas y algunas llegan a medir hasta 4 metros de altura. Están ubicadas en algunos casos a más de 100 kilómetros de donde fue extraída la piedra.

Cómo consiguieron los olmecas trasladar estas moles de piedra y trabajarlas después con una talla perfecta hace 30 siglos, con los sistemas de transporte a su alcance y con las herramientas de las que disponían entonces, es otro de los grandes enigmas.

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